Jun 12 2007
Cuando el tiempo se acaba
Enséñanos a contar bien nuestros dÃas…
Salmo 90:12a.
Los jóvenes dicen: “No tengo minutos†cuando no pueden hacer llamadas desde su celular y la expresión se me hace un tanto graciosa. ¿No tengo minutos? ¡Claro que tenemos minutos! O al menos los tenemos hasta que nos llega la hora de morir.
La Reina Isabel I de Inglaterra dijo lo siguiente en su lecho de muerte: “DarÃa todas mis posesiones por sólo un instante másâ€. ¿No les parece irónico que una mujer que era reina, que tenÃa tanto quisiera un instante más? Me imagino que ella sentÃa que no habÃa vivido suficiente… ¿o tal vez no habÃa hecho algo que la hiciera sentir que habÃa aprovechado bien el tiempo?
¿SabÃan que los Salmos son canciones que eran cantadas por el pueblo de Dios en alabanza y reflexión? El Salmo 90 que está relacionado con Moisés es una de las piezas más antiguas de literatura en la Biblia.
El Salmo 90 habla sobre el paso del tiempo. El Salmista parece estar perplejo y atribulado por la brevedad de la vida. Él dice que tenemos aproximadamente 70 años de vida, tal vez 80 si tenemos suerte. Sin importar cuál sea nuestro número, dice que al llegar al final nos preguntaremos si nuestras vidas han “contado†para algo, si tuvieron significado. ¿Ha sido nuestra vida problemas y dolor o tendremos algo que dejar como legado de los años que hemos pasado en este mundo?
Seguro que esa es una pregunta que nos hacemos de vez en cuando. Tal vez no todos los dÃas pero seguro que sÃ, en ciertos dÃas, cuando la vida parece ponerse “lentaâ€, cuando apagamos las velas en una torta de cumpleaños, cuando escuchamos sobre la muerte de alguna personalidad polÃtica o del espectáculo. Es ahà cuando nos detenemos a pensar sobre el paso del tiempo y sobre el significado de nuestras vidas.
El rabà Harold Kushner escribe: “Nuestras almas están hambrientas de fama, comodidad, riqueza y poder. Esas recompensas crean más problemas de los que pueden resolver. Nuestras almas tienen hambre de significado…queremos que nuestras vidas importenâ€.
Hay un libro escrito por Rick Warren y llamado “Vida con Propósitoâ€. Este libro ha vendido millones de copias y continúa haciéndolo, ¿saben por qué? Porque todos queremos tener una vida con propósito, que tenga significado.
Cuando todo esté hecho, querremos que nuestras vidas hayan dejado una huella. Como cristianos queremos que nuestras vidas cuenten para Dios. Si ese va a ser el caso entonces debemos manejar 3 recursos que Dios nos ha dado: tiempo, dinero y talentos. En esta mañana miraremos una variedad de pasajes del Antiguo Testamento y trataremos de ser honestos y prácticos asà como creativos para explorar estas áreas de nuestra vida.
Si queremos que nuestras vidas cuenten, tenemos que numerar nuestras dÃas. Miremos lo que dice el Salmo 90 y veamos lo que “contar nuestros dÃas†significa.
I. Debemos numerar nuestros dÃas.
El Salmo 90 es atribuido a Moisés pero no sabemos si eso significa que él lo escribió, si viene de su era o si fue escrito por otra persona basándose en el punto de vista de Moisés. Quienquiera que lo haya escrito estaba pensando en el pasar del tiempo. Pudo ser una persona joven, mirando hacia el futuro y lo que le espera. Pudo ser una persona mayor, mirando hacia el pasado y preguntándose si su vida tuvo significado. O pudo ser alguien en la mitad de su vida, mirando hacia el pasado y hacia el futuro, haciéndose preguntas.
Cualesquiera que hayan sido las circunstancias, el autor ve dos cosas: la eternidad de Dios y la fragilidad del hombre.
A. La eternidad de Dios.
Moisés conocÃa de la eternidad de Dios. Recuerden que él es el que le preguntó a Dios su nombre y recibió las respuesta: “Yo, soy el que Soyâ€. Dios siempre ha sido, siempre es y siempre será.
Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación. Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios.
Salmo 90:1-2 (NVI)
Dios no tiene principio ni tiene fin. Dios simplemente es. Dios es eterno. Miren lo que dice el versÃculo 4:
Mil años, para ti, son como el dÃa de ayer, que ya pasó; son como unas cuantas horas de la noche.
Salmo 90:4 (NVI)
Tengan cuidado con este versÃculo que de ninguna manera sirve para decodificar el libro de Apocalipsis. Es simplemente una metáfora, en términos humanos para tratar de explicar que Dios no es afectado por el paso del tiempo. Dios nunca está tarde. Dios nunca está apurado. Dios nunca está cansado.
B. La Fragilidad del hombre.
La vida del hombre es breve. Por más que cuidemos nuestros cuerpos, que cuidemos nuestra salud, que tratemos de ser más atractivos, un dÃa volveremos a la tierra y nos convertiremos en polvo.
Tú haces que los hombres vuelvan al polvo.
Salmo 90: 3a (NVI)
Somos efÃmeros, nacemos, crecemos y morimos. Miren lo que dice este salmo donde se nos compara con hierba:
Arrasas a los mortales. Son como un sueño. Nacen por la mañana, como la hierba que al amanecer brota lozana y por la noche ya está marchita y seca.
Salmo 90: 5-6 (NVI)
¿Cómo resolvemos esta tensión entre la eternidad de Dios y la fragilidad de la vida humana? Presentimos que fuimos creados para algo más que esta vida. Dios ha puesto eternidad en nuestros corazones y es parte de la naturaleza humana buscar la vida eterna. Es por eso que hay leyendas sobre “La Fuente de la Juventudâ€, historias de hombres que viven por siempre llamados “Vampirosâ€, o de alquimistas que buscaban la vida eterna. Hoy en dÃa, los cientÃficos hablan de la Criogenización, que es congelar al hombre hasta que hayamos descubierto cura para alguna enfermedad que tenga porque todos queremos vivir para siempre como decÃa la canción de la pelÃcula o serie llamada “FAMAâ€.
Fama (Fame)
Quiero vivir por siempre (I want to live forever)
Queremos hacer algo que “cuenteâ€, algo que valga la pena pero el tiempo parece irse de nuestras manos y mucho de lo que logremos en nuestra vida se convertirá en polvo junto a nuestros cuerpos. ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestras vidas cuenten, no sólo en esta vida sino más allá?
La respuesta, dice el Salmista:
Enséñanos a contar bien nuestros dÃas, para que nuestro corazón adquiera sabidurÃa.
Salmo 90:12 (NVI)
Este versÃculo nos lleva de la lamentación a la esperanza. Las personas sabias cuentan las cosas que realmente son importantes. Muchos pasamos por la vida contando las cosas que creemos que nos harán felices o que nos darán valor. Medimos nuestra felicidad o valor a través de los números que quieran decir algo para nosotros. Por ejemplo, años atrás los niños contaban los “cromos†que tenÃan para los álbumes de “San Kokay†o el del álbum del “Mundial España 82†¿se acuerdan del cromo de “Naranjito? Me dicen que ese era el cromo más difÃcil de conseguir.
No estoy seguro de qué es lo que los jóvenes cuentan hoy; si es el número de puntos en un juego de Playstation, los 20 que sacan en los exámenes, o los puntos que faltan para que su equipo ingrese en la liguilla…y por cierto, faltan dos semanas y parece que ninguno de los dos entrará, ¿verdad?
El punto es que todos contamos algo. Los adultos cuentan el número de cuartos que tienen en la casa, el número de caros, o los números en su cuenta de banco. Y el Salmo 90 nos advierte que no vayamos por la vida contando las cosas equivocadas. Si quiere que su vida cuente para algo, cuente sus dÃas, numérelos. Cuente los dÃas, las horas y los minutos. Valórelos, aprovéchelos al máximo y mida su vida de acuerdo a lo que haga con ellos.
Y a mi parecer hay 3 cosas importantes que ocurren cuando contamos nuestros dÃas.
II. Nos damos cuentas de cuántos dÃas tenemos.
A. Tenemos pocos dÃas.
Muchos viven como si tuvieran un número infinito de dÃas. Esperamos vivir largas vidas y creemos tener tantos dÃas que ni los contamos. Pero el Salmista nos recuerda que tenemos entre 70 y 80 años. Pueden parecer mucho cuando tenemos 15 años pero si hacemos los cálculos matemáticos veremos que solo son 29,200 dÃas, si vivimos hasta los 80 años.
El Salmo 90 nos recuerda que tarde o temprano todos vamos a morir y para muchos viene antes de lo que esperamos. No nos gusta enfrentar esta realidad pero hasta que lo hagamos, no sabremos que hacer para que nuestras vidas cuenten.
Cuando numeramos nuestros dÃas, sabremos cuán pocos tenemos y los usaremos más sabiamente. Yo no sé si Queen Latifah usó sus últimos dÃas con sabidurÃa pero fue graciosa.
III. Usaremos nuestros dÃas con sabidurÃa
Cuando numeramos nuestros dÃas, los empleamos con mayor sabidurÃa. Si usted numerara sus dÃas, sus horas, sus minutos, ¿qué revelarÃa de cómo los emplea? Después de dormir y trabajar, ¿Qué ocupa el tercer lugar? ¿La televisión? ¿Las salidas con los amigos? Piénselo y descubra cómo está usando sus dÃas.
¿Cuánto tiempo pasa conociendo a Dios, acercándose a Él, nutriendo su vida espiritual? ¿15 minutos al dÃa? ¿30 minutos? ¿Cree que es suficiente? ¿Es eso lo que Dios quiere o es lo que a usted le conviene? ¿Cuántas horas a la semana pasa asistiendo a los cultos, o sirviendo? Piénselo – ahora mismo. Y no estoy hablando de las clases que toma en Escuela de lÃderes o en sus células, estoy hablando de SERVIR a su iglesia o a otros cristianos o personas con necesidades ¿Es dos horas por semana? ¿Cada semana o algunas semanas? 2 horas a la semana multiplicado por 52 semanas al año, da 104 horas al año. ¿Le parece mucho? Son sólo 4 dÃas al año. Debe sentarse y numerar sus dÃas para saber si los está utilizando sabiamente.
El tiempo es como el dinero. Puede usarlo para comprar cosas, cosas que necesita o que quiere. Pero para gastar su dinero sabiamente, tiene que saber cuánto tiene. Si va de compras sin saber cuánto tiene, se puede meter en problemas. Puede llegar a la caja y no tener suficiente para pagar y salir de la tienda sin las cosas que verdaderamente necesita.
Muchas personas comenten estos errores. Los más jóvenes, especialmente, creen que tienen tanto tiempo que no les importa desperdiciarlo. Dejan lo importante para después, para cuando terminen de estudiar, cuando sean “más grandesâ€, o para cuando no estén demasiados ocupados en el trabajo. Pero el tiempo se les puede acabar antes de hacer lo que deberÃan.
Otras personas piensan que tienen poco tiempo y que no podrÃan hacer algo significativo para otros o para Dios, asà que ni siquiera lo intentan. Lo que pasa con el tiempo es que a diferencia del dinero, todos tenemos las mismas 24 horas, para hacer las cosa que Dios quiere que hagamos.
Es por eso que es importante numerar nuestros dÃas y horas, para saber qué tenemos para trabajar y las usemos sabiamente.
IV. Recibimos la bendición de Dios
Cuando numeramos nuestros dÃas podemos ofrecérselos a Dios y pedirle que los bendiga. Cuando gastamos nuestros dÃas sin pensar en cuántos tenemos, perdemos la oportunidad de pedirle a Dios una bendición por ellos y porque nos diga Su propósito para esa hora o ese dÃa. Pero cuando numeramos nuestros dÃas, podemos ofrecérselos a Dios, dÃa por dÃa y buscar la bendición y dirección para ese dÃa en particular. Y es de esa manera que nuestros dÃas se sumarán a algo que contará para la eternidad.
El Salmo termina con palabras de ánimo. Después de enfrentar la realidad de la muerte, de contar nuestros dÃas, de pensar en usarlos sabiamente, el Salmista invita a Dios a bendecir esos dÃas que están por venir.
Sácianos de tu amor por la mañana, y toda nuestra vida cantaremos de alegrÃa.
Salmo 90:14 (NVI)
El Salmista es un realista. Él no se engaña ni pretende engañarnos diciendo que la vida es fácil pero cuando numeramos nuestros dÃas y los usamos con sabidurÃa, es entonces cuando Dios puede bendecirlos y ellos contarán para algo. No sólo en esta vida pero para la eternidad.
Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma en nosotros la obra de nuestras manos; sÃ, confirma la obra de nuestras manos.
Salmo 90:17 (NVI)
Cuando ofrecemos nuestros dÃas a Dios, Él es hábil y fiel para bendecirlos para que tengan significado eterno.
Vi en una casa una placa que decÃa:
“Sólo una vida y pronto pasará
Sólo lo hecho para Cristo, duraráâ€.
¿Ha pensado alguna vez en eso? ¿Ha pensado en eso cuando despierta cada mañana? Lo único que contará al final de nuestros dÃas es lo que hayamos hecho para Cristo. Esa es la verdad de este salmo, que todas las cosas para las que trabajamos tan arduamente, las cosas que consideramos importantes, el dinero que ahorramos, el número de habitaciones en nuestras casas, los carros que tenemos, las vacaciones que tomamos, nada importarán. El tiempo las borrará.
Claro que debemos trabajar y descansar y amar con todo nuestro corazón pero si nos olvidamos de Dios, todo lo que hagamos será arrasado por el viento. Pero lo que hagamos por Cristo durará: las personas a quienes le hayamos hablado de Dios, los niños que hayamos encaminado en la fe, las iglesias que hayamos ayudado a construir, las lecciones BÃblicas que hayamos ejemplificado y compartido con otros, el dinero que hayamos invertido en Su reino. Estas cosas durarán por toda la eternidad. Cuando numeremos nuestros dÃas, cuando nos demos cuentas de cuán pocos tenemos y de lo valiosos que son, los ofreceremos, entonces, a Dios y viviremos para Su propósito.
V. Conclusión
Vivir una vida sin Cristo no tiene propósito ni tendrá eternidad. Ninguno de nosotros sabe cuántos dÃas o años tendremos sobre esta tierra. Tal vez sean 100, tal vez 70 o quizás menos, pero sà sabemos cuántos años se nos han dado hasta este momento; ¿Qué ha hecho en su vida que tiene significado? ¿Qué quedará para la eternidad? ¿Cuántos dÃas ha dado para la gloria de Dios? ¿Cuántas personas conocen a Cristo gracias a su testimonio? ¿Ha invertido su tiempo y dinero en el Reino de Dios? Si numera sus dÃas hasta hoy, ¿estará satisfecho con los dÃas que ya ha usado?
En estas semanas hablaremos un poco más acerca de nuestros talentos y tesoros, en como usarlos para que tengan significado eterno. Pero en esta mañana quiero que mire su vida, mire todos los dÃas que ha vivido, los que vive y los que vivirá y numérelos. Ofrézcalos a Dios, pÃdale que los bendiga para que tengan significado eterno.
Numere sus dÃas para que cuenten eternamente.
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